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18-09-2018

Homenaje a Rafa Fustes los días 18 y 19 de septiembre en la Sala El Sol



LOS DÍAS 18 Y 19 DE SEPTIEMBRE CELEBRAREMOS UN HOMENAJE A RAFA FUSTES EN LA SALA EL SOL DE MADRID

 

Def con Dos, Los Coronas, Los Enemigos, Nada Surf, Únete al Comando 9mm y Vancouvers participarán en este homenaje tan especial

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Con el objetivo de juntarnos para recordar a Rafa Fustes y ayudar a su familia, los días 18 y 19 de septiembre le rendiremos un homenaje en la Sala El Sol de Madrid. En este evento tan especial, emblemáticas bandas como Nada Surf, Los Coronas, Vancouvers, Los Enemigos, Def con Dos y Únete al Commando 9mm, se reunirán para despedir a Rafa. Las entradas están disponibles aquí.

 

¡Os esperamos!

 

 

 

RAFA, EL FLAMINGO, NOSOTROS

 

 

Uno se da cuenta de que el tiempo pasa cuando ve crecer a los hijos, y eso me ocurre cada día, y cuando se van marchando los amigos. Desgraciadamente, hace unas semanas nos tocó esto: se marchó Rafa Fustes, un amigo de los que marcan, de los que te influyen para toda la vida, pero cuyo legado y recuerdos no llaman a la nostalgia, sino que hacen que nos apetezca aún más vivir y sentirnos cada día más vivos. Porque él nos lo enseñó de esa manera: siempre sonriente, siempre entregado, siempre escuchando lo bueno o lo malo que tuvieras que contarle, y ya fuera a uno o a otro lado de la barra, porque lo que más le gustaba era salir a hablar contigo, a beber contigo y, por supuesto, a enseñarte la última canción que hubiera descubierto. Nos enseñó a disfrutar, a escuchar, a vivir.

 

Malasaña era por entonces distinta, muy distinta, y os aseguro que mucho mejor (lo siento, y lo repito: nada de esto es nostalgia ni senilidad precoz. Es simplemente una verdad como un templo y como tal tenemos que asumirlo: Malasaña era mejor). Allí no existían horarios o, al menos, no se les hacía mucho caso. Los bares estaban llenos, y las calles también, pero no había apenas botellón. En casi todas partes sonaba buena música, y tampoco había reggaeton. De hecho, me temo que ni siquiera se había inventado esa aberración y la raza humana seguía avanzando como ha hecho siempre, excepto ahora, cuando incomprensiblemente se baila esa mierda y cuando Malasaña se va llenando de estúpidos bares de cereales. Antes la cerveza valía para todo, y era más saludable. Os lo aseguro. Y creo que en el Flamingo se hizo más por la Mahou que con todas las campañas que desde entonces ha hecho esa ahora gigantesca empresa. Rafa, deberían estar pagándonos un porcentaje, joder, pero ya sabemos que la justicia no existe.

 

Y precisamente porque la justicia no existe, el Flamingo de Rafa, ese bar mítico, tampoco existe ya. En cualquier otro país el Flamingo sería un monumento, un lugar de peregrinación, habría al menos una modesta placa recordándolo, pero ya sabemos que no, que eso no se estila por aquí. Por allí pasaban todos los grupos, todos los directores de cine, todos los actores... En definitiva, casi todos los artistas que eran o importaban en aquellos años. Los mejores. Es decir, ya sabéis, los peores. Y su ambiente era mágico. He conocido allí a más gente que en el resto de mi vida, creo. Y me temo que he visto amanecer allí más veces que en la playa. Madre mía. Por allí nos juntábamos Los Enemigos, Pleasure Fuckers, Sex Museum, Def Con Dos, Vancouvers ("los enanos intelectuales del rock", nos llamaron a Marta y a mí en un fanzine, y siempre me ha encantado) y muchos más. Allí "nacieron" revistas y sellos luego tan importantes como Subterfuge y muchos otros. Carlos Galán y Vicente Rana eran parroquianos imprescindibles. Allí discutieron guiones y planos de sus películas Alex de la Iglesia y muchos otros directores. Allí se intercambiaban, se compraban y se vendían comics. Allí conocí a Fernando Porres subiendo la escalera de los servicios desde el sótano como si estuviera trepando al palo mayor de una goleta en medio de una galerna. Con las gafas desviadas exactamente en el mismo ángulo que hoy. Era el Flamingo, el Flamin.

 

Pero lo más importante era la gente que rodeaba a Rafa y que trabajaba con él. Si hay algo que define a alguien es con quién trabaja, con quién se relaciona, con quién se junta, y en eso Rafa era insuperable. Empezando por su mujer, la maravillosa y luminosa Montse. Aún no he podido abrazarla, pero es lo que más deseo (y necesito) ahora mismo. Y ver de nuevo su sonrisa. O por Germán, que luego montó el Trylobite, una fantástica sala de conciertos. Porque lo esencial de Rafa, de su infeccioso amor por la música, de su vehemencia, se demuestra en que todos los que le rodearon se han dedicado a ella de una u otra forma. Todos. Y muy en serio. Tomás Heredero empezó allí. David Jiménez-Zumalacárregui, también. De hecho, con Love To Art, David y un servidor acabamos trayendo a España a muchos de los grupos que Rafa pinchaba. Nos inoculó un veneno contra el que aún no hemos encontrado el antídoto. Y se lo tenemos que agradecer eternamente. Yo, desde luego, se lo agradeceré eternamente.

 

Porque Rafa pinchaba joyas, canciones de ésas que te obligaban a subir continuamente a la cabina y preguntar una y otra vez "¿qué es lo que suena?". Y al día siguiente la buscabas y la comprabas o la grababas (recordad que no existía internet, no, os lo juro). Escuchar lo que ponía era un continuo descubrimiento. Desde lo mejor de la música británica (su amor por Rockpile, Nick Lowe, Graham Parker o Costello era bíblico) a los grupos estadounidenses más desconocidos (lo que eran en su momento Model Rockets o Hindu Love Gods o Dash Rip Rock o los primeros Green Day). Allí empecé a pinchar, y como recordaba hace poco Vicente Rana, siempre me gustaba cerrar con el "I've Been Waiting" de Matthew Sweet, otro de los artistas que me descubrió. Y resulta que luego hice unos cuantos conciertos con él metido en una furgoneta. El virus, el virus de Rafa.

 

Por dejar un último detalle, Rafa incluso me descubrió la dureza del trabajo de albañil. Pasé un fin de semana retirando cascotes y cargando escombros para la reforma del Flamingo. Joder, tuve agujetas varias semanas. Pero eso hizo aún más grande mi amor por aquel lugar, y desde entonces siempre fue, de alguna manera, mío. Y lo hice con Kiki, muestra de la conexión vallisoletana de la que Rafa siempre presumió y que en su caso supuso traspasar la barra del bar para convertirse en batería de Vancouvers. Y luego de Sex Museum y de Def Con Dos y de... Lo dicho: si te acercabas al Flamingo nunca podrías escapar ya de aquella infección que se extendía a todo lo que Rafa rozaba. En el sótano de El Sol de Mayo, del que también se encargó, con Montse, por supuesto, ensayaban unos chavalines liderados por un tal Manu Chao, que se hacían llamar Mano Negra. Supongo que os suenan. Para un concierto en aquel sótano, Vancouvers cubrimos todas las paredes de papel de plata. Estábamos locos. Creo que, después del desescombre del Flamingo, fue el segundo esfuerzo físico más grande de mi vida, pero también un concierto inolvidable, con el gran Mike Mariconda, otro de la familia, tocando con nosotros.

 

¿Cómo consiguió transmitirnos todo esto Rafa? Pues es bastante sencillo de explicar: en primer lugar, porque era una persona increíblemente buena, bondadosa, diáfana; en segundo, porque era un musicazo. Tenía un oído tremendo, y no sólo por su asombrosa capacidad para hacer solos de percusión con las pinzas de hielo y la cubitera (quien no lo vio no creo que pueda entender lo grande que era aquello y que todos los que le recordamos mencionamos una y otra vez), sino porque era además un gran armonicista. Con nosotros grabó dos canciones y tocó en directo varias veces, y siempre se salía. Era de los de una toma "y grabamos otra para que elijáis". Sobrado. Sin ensayar jamás. Rafa.

Los próximos 18 y 19 de septiembre nos juntamos en El Sol unos cuantos amigos suyos y del Flamingo para tocar, para recordarle y para ayudar a su familia. Estaremos Los Enemigos, Nada Surf, Los Coronas, Commando, Def Con Dos y Vancouvers. Es un cartelazo, creo, y la verdad es que nos apetece mucho que vengáis. Sé que Rafa le va a encantar, así que no podéis faltar. Allí nos vemos.

 

Juan Santaner

 

Autor: Redacción

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